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Bienvenida

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El primer sonido llega a mis oídos, no lo había oído nunca antes, pero mis genes contienen la información: información sobre cosas de la vida que mis padres me han transmitido. Ese dulce sonido son pajaritos a lo lejos anunciando algo, nos avisan que amanece un nuevo día. Siento un olor dulce y fresco, es el rocío de la mañana que me invade, a mí y todo cuanto hay alrededor. Una cálida sensación me abraza, veo a través de mi fina piel que se trata de los ocres rayos de sol llamándome dulcemente. Una suave brisa mece todo mi cuerpo, haciéndome sentir como si flotara en el aire.  De repente, sin más dilación, lo sé, ha llegado la hora. Despliego todos mis sentidos, disfruto del momento y me dejo llevar. El sol y la brisa me acarician completamente, los sonidos lejanos se vuelven nítidos. Otras como yo a mi lado comparten la misma sensación. Extendemos nuestros pétalos. Explosión de color y fragancia. Animalitos nos acompañan en el proceso, esperando probar nuestro dulce néctar mient...

Dulcelina

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Ayer, cuando fui a cambiarme de ropa para ponerme el pijama, al sacarme el jersey, me vino una ráfaga del aroma de mi propio perfume. No es algo raro, pero ayer, esa acción me trajo a la memoria un recuerdo que estaba bien guardado en un rinconcito. Dulcelina en forma de pastel. Os preguntareis qué es eso azul turquesa y rosa, pues bien, en España se llamaban Dulcelina, aunque su nombre original era Cupcakes Dolls, y es una muñeca que en los años 90 causaron furor. Seguro que las lectoras se acordaran de ellas. Eran unas muñecas que bajo su vestidito de tela tenían una falda de goma, para poder darles la vuelta y convertirlas en pastelitos usando el sombrero como tapa. Lo mejor de todo es que tenían un irresistible olor a cosas dulces, a chucherías. He estado investigando por internet y resulta que había varias colecciones, con diferentes modelos de vestidos, tapas y olores: rubias, morenas; vestidos azules, verdes, rosas; con olor a fresa, a mora, a cereza, etc. Ésta que veis aq...

Reencuentro inesperado

Como cada mañana ella había salido a buscar trabajo. Llevaba unos meses en paro y la situación empezaba a desesperarla. A media tarde, en su regreso a casa ocurrió algo que iba a cambiarle la vida, al menos durante siete días. El metro estaba abarrotado pero dos estaciones después de subirse, una mujer mayor con más bolsas de la compra que brazos disponibles se levantó no con poco esfuerzo para bajarse en la siguiente parada. Como ella era la persona más cercana al asiento aprovechó la ocasión para relajar las piernas después de la larga caminata. Estaba tan metida en el libro que tenía entre manos que ni se fijó en las personas sentadas a su alrededor. Acabó de leer un capítulo más y como cada vez, entre capítulo y capítulo, levantó la mirada para asimilar lo leído y relacionarlo con el resto de la historia. “De repente, ahí estaba él. Con la cabeza apoyada en el cristal y los ojos cerrados. Habían pasado ya cinco años desde la última vez que nos vimos y cuatro y medio desde la últ...

Angustia

Mierda de trabajo. Mierda de atascos. Voy al bar como siempre. Pierdo la noción del tiempo, de las copas bebidas. Llego a casa. Ella con la cara de amargada, de asco. Ni me mira a los ojos. Paso por el espejo, estoy demacrado, no me cuido. Tampoco me importa. No ceno, no tengo hambre. Me meto en la cama, solo, como siempre, como todos estos años incontables. Ella en la cama de la que era nuestra hija. Insomnio. Vueltas y más vueltas. Suena el despertador. Otro día más, otro día menos. Monotonía. Trabajo aburrido. Sin futuro. Otro día igual. Y otro. Y otro. Ya no sirvo. Inútil. Despedido. Bebo, y mucho. Llego a casa antes de tiempo. Ahí está, con cara de placer, embestida por otro. Podría ser mi hijo. Huye como una comadreja ante el peligro. Ella me mira con indiferencia. Hace tiempo que no le importo. Sólo atino a darle una bofetada. Me largo con un portazo. Me doy asco, ni me reconozco. Camino sin rumbo. Botella en mano. Lágrimas en los ojos. Mierda de vida. No hay salida. No hay solu...

Raíces

- Venga cariño, acaba de ponerte los zapatos que nos vamos. – Dijo con su dulce voz – Acabé de atarme los cordones de la mejor manera que sabía y me puse la ropa perfectamente ajustada, todo en su sitio, una vez más. Una de mis manías era (y sigue siendo, aunque de una forma menos compulsiva)  llevar la ropa bien igualada: las dos mangas del jersey a la misma altura, los dos calcetines bien subidos, los cordones de los zapatos apretados con la misma fuerza… y así infinidad de pequeños detalles.  Abrí la puerta de casa mientras ella cogía su bolso y poniéndome de puntillas alcancé el botón para llamar al ascensor.  Al llegar a la calle, fui directamente al coche y en cuanto ella abrió la puerta del conductor y se desbloquearon las otras, abrí la de atrás y enseguida bajé la ventanilla con la maneta. Era cinco de septiembre y el sol todavía picaba, y aunque no estaba en su horario álgido ya que eran las seis de la tarde, el coche parecía un horno, y nosotras estaríam...

Amistad

La amistad. ¿Qué entendemos por amistad? La verdad, es un concepto realmente complejo de definir. Muchos otros antes han intentado explicarlo y sin embargo, podemos encontrar versiones totalmente diferentes de qué es un amigo. Según la RAE, y de una manera simple, superficial y concisa, la amistad es un afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato . Esa es la definición de la palabra en sí, el significado del vocablo usado para designar un sentimiento. Pero, ¿qué pasa cuando intentamos explicar más profundamente lo que es la amistad? Creo que podríamos juntarnos con cientos de explicaciones, en las que encontraríamos similitudes, pero no habría dos iguales. Cada persona vive la amistad de una manera y es más, esa misma persona vive la amistad de una forma diferente con cada uno de sus amigos. Algunas personas alardean de tener decenas de amigos, cuando en realidad, amigos verdaderos, se pueden contar con los dedos de una m...

Cuidados

Estereotipos. El hombre que cuida de su familia, que trabaja para que tengan un plato en la mesa cada día, que se desriñona de sol a sol para que no les falte nada… Bah, chorradas. Sí, a las mujeres les gusta que las cuiden y sentirse protegidas ante cualquier adversidad, pero, ¿acaso los hombres no tienen derecho a sentirse así también? Por supuesto, y es más, creo que es perfectamente compatible una cosa con la otra, puedes cuidar y ser cuidado a la vez. La cuestión es, que muchas veces se debe aprender a dejar de lado el orgullo, ese orgullo por mantener el estereotipo que la sociedad creó, de que los hombres se valen siempre por sí solos, que son autosuficientes y no necesitan cariño. Quizá, en condiciones normales, combatir ese orgullo parece complicado y ¿por qué no? innecesario. La necesidad llega cuando en invierno, a cero grados en el exterior y aún bajo el abrigo del hogar, la fiebre de la gripe te está matando. Es entonces cuando bajas las defensas y dices: “Cariño, me enc...