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Mary Higgins Clark, firma de libros

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Siento vergüenza al decirlo, pero no tengo porqué esconder nada, delitos peores se han cometido: lo reconozco, lectora de misterio, suspense y novela negra, y no había leído aún a la archiconocida Mary Higgins Clark. Cada semana (por no decir cada día) me pongo al día de las novedades literarias que se dan lugar por la zona y así fue como hace unos dos meses vi que la librería más importante de la ciudad traía a la gran escritora junto a su hija (Carol Higgins Clark, también escritora) para una firma de libros aprovechando la presentación de su última novela.                             Tríptico de la librería informando del evento  Así pues, me las arreglé para tener en mi biblioteca algunos títulos suyos (¡gracias mama por el regalo!), y sólo puedo decir una cosa: soy tonta por no haberla leído antes y agradezco la cadena de acontecimientos que me han hecho llegar a ella. La primera obra que he leído...

Roles

Ahí está otra vez, mirándome fijamente. ¿Por qué lo debe hacer? ¿Me está acosando? Me escondo tras la cortina para evitar el contacto directo, pero sé que sabe que estoy en casa. Él en cambio no se esconde, con la ventana abierta de par en par observándolo todo. ¿Acaso no tiene una vida? Casi siempre que miro ahí está él. Su ventana da a la parte trasera, así que el otro día hice cálculos y supuse cual era el número de su casa. Pasé por delante pero no vi nada raro, nada fuera de lo común, tan solo que no había nombre en el buzón. Y otra vez lo encuentro mirando… Como entre ventana y ventana debe haber unos cincuenta metros no alcanzo a ver qué es lo que hace. Intrigado aporreo la puerta de varios vecinos. Por fin uno de ellos, el hombre mayor del segundo tiene lo que busco. Vuelvo a casa y me pongo a mirarle con los prismáticos para descubrir que en realidad está sentado frente a un ordenador. De vez en cuando mira hacia aquí de reojo, pero parece tener cara de susto, ¿o es indiferen...

Pereza

Lo admito, he sucumbido a la pereza. Pero, ¿quién no lo ha hecho alguna vez? A la mayoría de personas nos ha pasado por lo menos una vez en la vida. Promesas para año nuevo, proyectos antes de verano, dietas y ejercicios, dejar de fumar… Estás un día tan tranquilo sentado en el sofá reflexionando sobre a saber qué tontería y de repente se te enciende la bombillita con otra tontería aún peor: “pues me voy a aficionar a los puzles, mañana me compro uno de mil piezas”. Sigues dándole vueltas a lo que a tu parecer es una idea genial. “Ya era hora que hiciera alguna actividad lúdica de culto, además, luego lo enmarcaré y lo colgaré en la pared”. Te levantas del sofá, enciendes el ordenador y tecleas en el buscador: puzles. Empiezas a ver fotos alucinantes de puzles inmensos y tu ilusión empieza a crecer: “quien sabe, a lo mejor algún día hasta bato un récord”. Como es domingo e internet no te puede ofrecer más, te pones a pensar dónde colgarás el cuadro. Haces un cálculo de cuanto puede m...

Bienvenida

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El primer sonido llega a mis oídos, no lo había oído nunca antes, pero mis genes contienen la información: información sobre cosas de la vida que mis padres me han transmitido. Ese dulce sonido son pajaritos a lo lejos anunciando algo, nos avisan que amanece un nuevo día. Siento un olor dulce y fresco, es el rocío de la mañana que me invade, a mí y todo cuanto hay alrededor. Una cálida sensación me abraza, veo a través de mi fina piel que se trata de los ocres rayos de sol llamándome dulcemente. Una suave brisa mece todo mi cuerpo, haciéndome sentir como si flotara en el aire.  De repente, sin más dilación, lo sé, ha llegado la hora. Despliego todos mis sentidos, disfruto del momento y me dejo llevar. El sol y la brisa me acarician completamente, los sonidos lejanos se vuelven nítidos. Otras como yo a mi lado comparten la misma sensación. Extendemos nuestros pétalos. Explosión de color y fragancia. Animalitos nos acompañan en el proceso, esperando probar nuestro dulce néctar mient...

Dulcelina

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Ayer, cuando fui a cambiarme de ropa para ponerme el pijama, al sacarme el jersey, me vino una ráfaga del aroma de mi propio perfume. No es algo raro, pero ayer, esa acción me trajo a la memoria un recuerdo que estaba bien guardado en un rinconcito. Dulcelina en forma de pastel. Os preguntareis qué es eso azul turquesa y rosa, pues bien, en España se llamaban Dulcelina, aunque su nombre original era Cupcakes Dolls, y es una muñeca que en los años 90 causaron furor. Seguro que las lectoras se acordaran de ellas. Eran unas muñecas que bajo su vestidito de tela tenían una falda de goma, para poder darles la vuelta y convertirlas en pastelitos usando el sombrero como tapa. Lo mejor de todo es que tenían un irresistible olor a cosas dulces, a chucherías. He estado investigando por internet y resulta que había varias colecciones, con diferentes modelos de vestidos, tapas y olores: rubias, morenas; vestidos azules, verdes, rosas; con olor a fresa, a mora, a cereza, etc. Ésta que veis aq...

Reencuentro inesperado

Como cada mañana ella había salido a buscar trabajo. Llevaba unos meses en paro y la situación empezaba a desesperarla. A media tarde, en su regreso a casa ocurrió algo que iba a cambiarle la vida, al menos durante siete días. El metro estaba abarrotado pero dos estaciones después de subirse, una mujer mayor con más bolsas de la compra que brazos disponibles se levantó no con poco esfuerzo para bajarse en la siguiente parada. Como ella era la persona más cercana al asiento aprovechó la ocasión para relajar las piernas después de la larga caminata. Estaba tan metida en el libro que tenía entre manos que ni se fijó en las personas sentadas a su alrededor. Acabó de leer un capítulo más y como cada vez, entre capítulo y capítulo, levantó la mirada para asimilar lo leído y relacionarlo con el resto de la historia. “De repente, ahí estaba él. Con la cabeza apoyada en el cristal y los ojos cerrados. Habían pasado ya cinco años desde la última vez que nos vimos y cuatro y medio desde la últ...

Angustia

Mierda de trabajo. Mierda de atascos. Voy al bar como siempre. Pierdo la noción del tiempo, de las copas bebidas. Llego a casa. Ella con la cara de amargada, de asco. Ni me mira a los ojos. Paso por el espejo, estoy demacrado, no me cuido. Tampoco me importa. No ceno, no tengo hambre. Me meto en la cama, solo, como siempre, como todos estos años incontables. Ella en la cama de la que era nuestra hija. Insomnio. Vueltas y más vueltas. Suena el despertador. Otro día más, otro día menos. Monotonía. Trabajo aburrido. Sin futuro. Otro día igual. Y otro. Y otro. Ya no sirvo. Inútil. Despedido. Bebo, y mucho. Llego a casa antes de tiempo. Ahí está, con cara de placer, embestida por otro. Podría ser mi hijo. Huye como una comadreja ante el peligro. Ella me mira con indiferencia. Hace tiempo que no le importo. Sólo atino a darle una bofetada. Me largo con un portazo. Me doy asco, ni me reconozco. Camino sin rumbo. Botella en mano. Lágrimas en los ojos. Mierda de vida. No hay salida. No hay solu...